Mario Pestano reflexiona en voz alta acerca de sus sensaciones para la cita olímpica
Comienza un año 2012 con una incipiente crisis económica que, lejos de desanimarme, me hará dar lo mejor de mí mismo. Ya he comentando en alguna ocasión las escasas ayudas que recibimos los deportistas de elite. Por eso, en este artículo, me toca iniciar el año olímpico con optimismo, con fuerza, con alegría y con confianza. He de agradecer, como siempre he hecho, el respaldo que recibo desde mi club y, en particular, de CajaCanarias Banca Cívica, una entidad bancaria que ha hecho que, hoy en día, Tenerife pueda presumir de poder tener un equipo clasificado para la Copa del Rey.
Serán en Londres, una ciudad que me inspira muchísimo, mis terceros Juegos Olímpicos. Llego, por lo tanto, con madurez y sabiendo a qué voy. En el Mundial de Daegu estuve como capitán de la selección española y esa responsabilidad me ha hecho ser más duro mentalmente. Sé cuáles son mis virtudes y también sé dónde he fallado. Con estos datos determinantes sobre la mesa, toca, a estas alturas de la temporada, trabajar, trabajar y trabajar. Mucho sacrificio, sobre todo físico, al que sometes tu cuerpo, pero la ilusión de ver los aros y estar ahí, compensa las horas de dedicación que me quedan por delante. Con mi amigo y entrenador Luis Lizaso, en el CAR de Sant Cugat, en Barcelona.
La recompensa personal es mayúscula al ver que estás dentro, que lo has vuelto a conseguir, que serás olímpico. Y luego llegan los sueños. Los sueños de subir al cajón, de medalla, de ser el Mario que todos queremos dentro de la jaula. Con eso sería feliz. Con salir el día de la competición, ojalá de la final, y decirme a mí mismo, lo he hecho. He hecho volar el disco todo lo que podía. Que me ganen otros porque han sido mejores que yo, no porque yo no he sido el Mario que llevo dentro. Ése es el reto que superaré, superaremos entre todos, en verano. Que nadie tenga duda. Quedan meses para darle forma a una idea que no me he quitado de la cabeza. Y hasta que no lo consigue, lucharé como el que más, con la humildad que me caracteriza y con la garra de los guanches.
Estos días navideños por la Isla, con mis padres y mi mujer, con mi gente, con la directiva del club, con los patrocinadores, con los compañeros, con los aficionados, suponen una recarga de energía para mí. Me siento querido y valorado y eso es motivo de orgullo para salir de Canarias y presumir de ser canario. Aunque las ayudas no lleguen, sí que llega el calor de mis paisanos y con ése respaldo he estado por todo el mundo, una década entre los quince mejores del ranking mundial. Y cuerda me queda para rato, pues en más de una ocasión he dicho, y mantengo, que después de Londres, pase lo que pase, seguiré en lo mío, en una disciplina desconocida en España, mirando a Río de Janeiro 2016. Esto es lo que me gusta y con esto soy feliz.
Aprovecho estas líneas para darle ánimos al resto de canarios que aún se están jugando su plaza en Londres. Sé lo que cuesta. Ir y quedarse fuera. Para los que lo consigan, allí nos vemos. Para los que no, mi más sincero mensaje de aliento y ánimos. El deporte dará más oportunidades y quiero ver caras nuevas en Brasil dentro de cuatro años. Más de lo mismo digo para los clubes y deportistas anónimos que lo están pasando mal para seguir con su actividad. Unión y adelante en estos momentos con tanto obstáculo. Asimismo, no puedo olvidarme de la gente que lo está pasando mal en nuestras Islas. He estado en varias iniciativas benéficas estas Navidades y seguiré ayudando en lo que pueda. Me tienen a su entera disposición.














